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El principio de todo, en el orígen del metal. Corrían los primeros
días de 1970 y John Michael Osbourne, Frank Anthony Iommi, Terrence
Michael Butler y William Thomas Ward, deciden dar el puntapié inicial a lo
que sería una larga historia. En menos de 48 horas y con partes grabadas
absolutamente en directo, registran su disco debut. Desechado por la
crítica y alabado por una generación completa de jóvenes que aún esperaban
que se cumplieran las promesas del mundo hippie, llega al mundo Black
Sabbath, un álbum tan oscuro, tétrico y demoniaco para la época, como
ningún otro que haya sido lanzado en esos años.
Partiendo por el día escogido para su lanzamiento, viernes 13, la
tétrica imagen de de la carátula, y el casi aterrador comienzo del tema
homónimo, Black Sabbath es uno de los álbumes más oscuros dentro de la
discografía de la banda y del rock / metal en general. Y este tema,
colosal. Una fuerte lluvia golpeando sobre las frías calles del área de
Aston, en la industrial ciudad de Birmingham, atronadores sonidos caídos
del cielo, y a lo lejos la campanas de una iglesia, dan paso al tema que
marca el inicio de toda una historia.
Black Sabbath es, por decir lo menos, la antítesis de lo que hasta
entonces se entendía por "música" en esos años, y esto se debe
principalmente al monstruo detrás de las seis cuerdas de la banda, Toni
Iommi, y al sonido caracterísitco de sus monolíticos riffs, sonido que en
realidad no existiría si no fuera por la pérdida en un accidente de
trabajo, de dos yemas de los dedos de su mano derecha, trás lo cual e
ingeniosamente, se adaptó unos dedales que le permitieran continuar
tocando su guitarra, lo que finalmente incidió en su forma de tocar y
componer, además de modificar en parte el sonido que lograba con la
guitarra.
"Este es el fin mi amigo, Satán viene fuera de quicio"... es una
de las tantas frases que encontramos en las líricas de este
álbum. Tal vez nada fuera de lo normal en estos días, pero sí
que lo fueron en 1970. Black Sabbath es la expresión más clara
de la oscuridad y desolación que buscaba expresar la banda.
Con un riff tan tétrico como simple -3 acordes- lograron cautivar
a miles de almas que vieron en ellos un escape hacia toda una
nueva dimensión musical que se venía. El riff compuesto por
Iommi para el cambio de ritmo marcado a los 4:36 de duración
del tema es sencillamente genial y constituye una pequeña muestra
de lo que sería a la larga su marca registrada: riffs salidos
directamente desde el mismísimo averno, como señalara alguna
vez uno de los fans más famosos del guitarrista, James Hetfield.
Si bien Black Sabbath nos muestra a una banda que aún no definía
del todo la senda musical a seguir, es sin duda un álbum duro, crudo, tal
vez simple, pero portador de una magia imponderable e indescriptible. Cada
uno de los temas incluídos en el disco tiene algo que logra cautivar al
oyente. Ninguna de ellos es similar a otro, quedando como común
denominador, únicamente la oscuridad impresa en cada uno de ellos, tanto
musical como líricamente.
Temas como The Wizard, el increíble N.I.B. o The Warning nos pasean
por una veta musical no explorada hasta ese entonces, o tal vez no
explotada, ya que bandas como Vanilla Fudge o Blue Cheer ya habían llevado
el rock hacia decibéles insólitos para la época, aunque sin lograr lo que
llevó a Black Sabbath a la cima.
Apoyado por una sólida base musical otorgada por la dupla
Butler-Ward, Iommi transita por parajes ligados al rock psicodélico, el
jazz, y principalmente el blues, que en este caso se proyecta como una
mutación de influencias musicales con raíces directas en el blues
obviamente negro, pero tocado por músicos blancos, entiendase The
Yardbirds, The Who, Cream, etc., a lo que se suma una guitarra un tanto
más distorsionada de lo habitual.
No hay ninguna duda en que este debut creo toda una nueva escuela
en lo que a música concierne, pero no hay que olvidar que también tuvo una
fuerte influencia en lo lírico. Sus letras estan plagadas de referencias
"demoníacas" y "satánicas", algo inusual en pleno apogeo hippie. "Mi
nombre es Lucifer, por favor toma mi mano", no parecía una grata
invitación en esos años, pero sí fue lo suficientemente desafiante como
para que el nombre de Black Sabbath comenzara a sonar, ya no sólo en
Birmingham, ya no tan sólo en Inglaterra... el nombre de Black Sabbath
comenzaba a ser reconocido por jóvenes de distintas partes del
mundo.
Es de esta forma, y con este disco de 1970, que toda una historia
musical comenzaba a ser escrita. Si bien bandas como Led Zeppelin (que ya
caminaban por el sendero más duro del rock) y Deep Purple (que casi al
mismo tiempo editaba In Rock, otro piedra angular), también tienen mucho
que decir al respecto, fue Black Sabbath la banda que aportó la oscuridad
que este estilo de música necesitaba para seguir creciendo. Fueron los
infernales riffs de Iommi, la sólida y pesada base rítmica de Butler-Ward
y la peculiar y deprimente voz de Ozzy, las características que en
conjunto, hicieron que el nombre de Black Sabbath siga vigente hasta
nuestros días.
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