Mientras
Black Sabbath escandalizaban a medio planeta de mentes puritanas con
su filosofía pseudo – satánica, el grupo crecía musicalmente a pasos
agigantados. Y es que trabajos anteriores -especialmente los tres
primeros- tienen en el sonido oscuro y directo su mejor arma, pero
a pesar del impacto producido la banda no se quedó allí. En este disco
recogieron algunos de los mejores ejemplos de la música que se hacía
en su tiempo dentro del mundo del Rock.
Dominado
por el sonido Hard, el disco explora campos como el Rock Progresivo
o la psicodelia, sin dejar de lado los toques pseudo – hippies y el
inevitable regustillo de Blues Rock pesado en el que se fundamentaba
buena parte de su esencia, al fin y al cabo de ahí viene que su posterior
-y ya entonces emergente- Heavy Metal más clásico (en
el sentido ochentero) sea característicamente lento o a medio tiempo.
Y es un disco insultantemente bien trabajado. Tony Iommi parecía querer
emular al entonces recién descubierto Mike Oldfield, y se atrevía
con todo tipo de instrumentos; el resto de la banda también le secundaba
en ese sentido, siendo este plástico un trabajo multiinstrumental
en el que no se rehúsa de la utilización de sintetizadores e incluso
orquestaciones. La propia banda se embarcó en la nada fácil tarea
de la producción, con un resultado enormemente satisfactorio. En fin,
todo era trabajo, elaboración y pomposidad. En el fondo, era la tendencia
de aquellos años, y Black Sabbath no iban a ser menos.
El tema
homónimo del vinilo, “Sabbath Bloody Sabbath”, es un auténtico bombazo,
una canción estelar. Es el mejor ejemplo en el disco de esa especie de
anticipo de lo que en pocos años sería el Heavy Metal, y que Black Sabbath
sacaron no se sabe de qué chistera. Un tema aplastante, dominado por el
medio tiempo y por las guitarras pesadas y apabullantes en los riffs, con
una melodía sencilla pero inteligente, muy efectiva, con cierto aire
épico... Heavy Metal...
Con
“National Acrobat” entramos en un campo más cercano al Hard Rock oscuro y
característico de los primeros años de la banda. Sigue habiendo un
ramalazo precursor, pero este tema está más cerca del pasado Blues Rock
que del futuro Heavy Metal. En cualquier caso, sigue quedando claro que el
medio tiempo es la especialidad del grupo. Esto último no impide que la
canción deje espacio a un cambio de ritmo en las partes finales, y que por
cierto tiene una melodía más optimista que el resto, gracias a los acordes
mayores; en fin, lo dicho, este es un disco de contrastes.
Y
hablando de contrastes, entramos en un tema instrumental de sonido
acústico y ritmo muy relajado, además de melódicamente sutil, “Fluff”, más
propio de un disco de los que entonces empezaba a editar Mike Oldfield que
de uno de Black Sabbath. Un legado o heredero de “Laguna Sunrise”, al que
no llega a superar, pero que resulta perfectamente adecuado para dar más
valor a este álbum. El bajista Geezer y Tony Iommi se bastan para
construirlo instrumentalmente, siendo el segundo el que pone el
multiinstrumentismo.
Cerrando
brillantemente la cara A del viejo vinilo nos encontramos con una joya
llamada “Sabba Cadabra”, un tema no sólo impresionante para la escucha y
el deleite, sino que además resulta perfecto como completo muestrario de
diferentes y variadas ideas musicales. La canción empieza como un cañero y
efectivo tema de Hard Rock de ritmo dinámico, y así lo podemos disfrutar
durante sus dos primeras estrofas y sus respectivos estribillos. Pero
luego un cambio de ritmo nos introduce en otra atmósfera, en otro mundo;
un ambiente surrealista pero al mismo tiempo agradable queda dibujado por
efectivos toques progresivos, con un resultado magistral. Y a ello ayuda
la inestimable colaboración del excelente y prolífico teclista Rick
Wackeman, entonces miembro fijo de los míticos y distinguidos Yes (otros
que también disfrutaban entonces de su época dorada); los pianos y
sintetizadores aportados por este omnipresente maestro de las teclas
hicieron aún más grande a este extravagante tema; una colaboración
histórica, aunque Wackeman ha participado en cientos de discos de
diferentes tipos de músicos.
Y si la
cara A se cerraba magistralmente, la cara B se abría aún mejor, con uno de
esos temas que si el mundo fuera más justo ocuparían mejores puestos de
popularidad en la historia de Black Sabbath, “Killing Yourself To Live”.
Aquí también hay de todo, diferentes ritmos y atmósferas, Hard Rock,
guiños futuristas metaleros, etc. Tras el sobrio y acertado riff inicial,
repetido cuatro veces, entramos en el alucinante ritmo que acompaña a las
estrofas, marcado de forma muy atractiva y sobrecogedora por la genial
instrumentación, en la que destaca el sonido líquido y de nuevo los
teclados. Tras dos estrofas y sus estribillos, primer cambio de ritmo, con
ligera deceleración; juegos vocales de Ozzy, emulado simultáneamente por
las guitarras en un efecto muy atractivo y característico de la época;
solos que suenan de fondo y con ecos, como perdiéndose en un espacio
vacío. Poco después, vuelta a la velocidad, y ahora los solos viajan del
altavoz izquierdo al derecho, y del derecho de nuevo al izquierdo. Y final
súbito, con las guitarras volviéndose locas en su último
suspiro.
El tema
más extravagante del disco era “Who Are You”, en el que los sintetizadores
aportan más sensación paranoica, si cabe, al ya de por sí oscuro y
psicodélico estilo del tema. No es precisamente un tema brillante, de
hecho sería claramente el peor del disco, de no ser por la genial parte
instrumental central, de sonido sinfónico y apoteósico. En cualquier caso,
más versatilidad todavía para el completo álbum.
El tema
más hippie del disco se llamaba “Looking For Today”, tanto en la filosofía
de su letra (resumida en el título) como en el estilo musical. Estrofas
hard rockeras y puentes acústicos en los que suena una flauta tocada por
Tony Iommi, pero todo el tema dominado por el dinamismo y por las melodía
optimista de acordes mayores.
Y
llegamos al final del disco, a los últimos surcos del viejo vinilo, muy
bien aprovechados por la canción “Spiral Architect”. Y efectivamente, el
sonido optimista ha acabado imponiéndose al oscuro. Este último tema
aprovecha bases moderadamente rockeras en lo instrumental, pero que tiran
más hacia lo acústico, e incluso se dejan acompañar por una brillante
orquestación sinfónica; rítmicamente es intencionada y acertadamente
inestable, porque amenaza constantemente con el dinamismo pero se queda en
el medio tiempo e incluso en partes más relajadas; y melódicamente, lo
dicho, optimismo, aunque mezclado por momentos con cierto surrealismo. En
definitiva, un tema envolvente y que deja muy buen sabor de boca al final
del álbum.
Un
disco diferente pero necesario en el momento como casi todo lo que
hizo la banda en sus primeras épcoas, pero sin el cual el Heavy
Metal sería otra cosa. Lástima que a partir de aquí empezaría la cuesta
abajo de esta primera formación de la banda. De obligatoria escucha.