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La enrevesada saga Purple tuvo uno de sus capítulos más interesantes
con esta banda y este disco, que mantiene los ambientes de su predecesor,
el colosal "Rising", aún cuando va más directo al grano. Y
es que el título ya lo deja claro: "Larga vida al rock'n roll". Mensaje
que queda perfectamente explicitado desde el primer instante, con el
tema que da nombre al álbum, “Long Live Rock ´n´ Roll”. Una arrogante
batería de Cozy Powell abre este dinámico, atractivo y excitante tema,
lleno de feeling, y que a la postre se convertiría en un himno de la
banda y de la historia del Hard Rock. Un ritmo que engancha desde el
principio, una melodía sobria pero enormemente atractiva, un estribillo
pegadizo a más no poder, un cierto toque a otro tema anterior del grupo,
“Starstruck”, y en definitiva inmejorable para empezar un disco. Inolvidable
canción.
Con algo más de tranquilidad pero el mismo toque de autenticidad
suena “Lady Of The Lake”, donde la envolvente melodía -sobre todo en el
puente y el colosal estribillo- transporta a un agradable estado de
satisfacción auditiva. Sin duda una construcción melódica con marca de la
casa Blackmore.
Más genuino y básico aún es el siguiente, “L. A. Conection”.
Siguiendo con ese ritmo rockanrollero de medio tiempo, tiene un feeling de
sobriedad y sencillez tan destacadas como su capacidad de enganchar. La
voz de Dio es sencillamente demoledora.
Un aspecto que se aprecia ya a estas alturas de audición del disco
es su elevada calidad de sonido, perfectamente adaptada al estilo del
grupo. Y es que el productor del álbum es todo un experto en eso de
conseguir que los grupos suenen como deben sonar, plasmando la esencia de
los músicos sin cambiarla: El mítico Martín Birch, toda una institución
que ya había trabajado con Deep Purple y que más tarde lo haría con Iron
Maiden.
Contrastando con la aparente sencillez de los temas anteriores,
llega una de esas canciones que sirven para mostrar la magia de Rainbow,
llena de colorido y vistosidad: “Gates Of Babylon”. Comienzo ambiental
enigmático para un tema que dentro del repertorio Rainbow es algo así como
una nueva versión del “Stargazer”, es decir, construcciones melódicas
sinfonistas, de cierto toque arabesco, estructura compleja y
acompañamiento de orquetaciones. Sea lo que sea, este “Gates Of Babylon”
es una auténtica maravilla, una gozada para los oídos, y otro tema
destacable dentro de la historia del grupo.
Pero si el anterior es un clásico, el siguiente es un clasicazo.
“Kill The King” es otro impresionante temazo en el que, conservándose
el colorido y vistosidad del anterior, se aumentan las dosis de autenticidad
rockera y caña. Es un tema veloz, vertiginoso, absolutamente excitante,
en el que la melodía acompaña con acierto ese ritmo casi endiablado.
Y los alardes de técnica y virtuosismo que aquí se explotan son espectaculares,
con muy buenos solos y punteos de guitarra y teclado, tanto individuales
como doblados. En fin, se mire por donde se mire, otra joya del más
genuino Heavy Rock de los setenta.
Minuto de gloria para la guitarra de Ritchie Blackmore en la
introducción del siguiente, el de nuevo esencialmente rockero “The Shed
(Subtle)”, donde una vez más el feeling del ritmo dinámico tendente a
medio tiempo y del sonido melódico sencillo atrapan sin remisión posible.
Unos cuantos puntos más de velocidad tiene “Sensitive To Light”, un
rock'n roll en el que regresamos a la idea de mezclar colorido melódico
con sencillez estilística, aunque tirando más hacia a lo segundo. Vuelve a
quedar de manifiesto que Rainbow eran capaces de dar muchas vueltas sobre
lo mismo logrando sin embargo que los temas fuesen diferenciables unos de
otros.
Y el contrapunto a todo el vendaval de Rock mostrado hasta ahora
lo pone el tema que cierra el álbum. La maravillosa y bellísima balada
“Rainbow Eyes”. Una auténtica preciosidad, tal vez influenciada por
el anterior tema de Rainbow “Cath The Rainbow”, aunque en este caso
con más sutileza, más dulzura, dejando de lado la grandiosidad y toques
épicos de aquel. “Rainbow Eyes” es una composición melódica muy bien
pensada, y cuidada instrumentalmente con mucha delicadeza, mezclando
momentos de de punteos guitarrísticos con feeling o alma de Blues con
otras partes (más frecuentes) de sonido ambiental, evocador, de ensueño,
en las que una flauta y un cuarteto de cuerda juegan un papel primordial.
Es meritorio el hecho de que, durando siete minutos y medio sin ofrecer
cambios de ritmo o de melodía, en absoluto resulte larga, y ello a pesar
de su lentísimo tempo; desde luego, para lograr algo así no vale ser
un músico cualquiera. Y, bueno, respecto de la voz de Dio en su faceta
melódica - dulce, sobran las palabras.
Como para todo el
disco.
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