"Highway
to hell" es uno de los discos más aclamados de la carrera de la banda, y
aunque es difícil llegar a un acuerdo para decidir cuál es el mejor disco
de los australianos -unos dirán que es el "Let There Be Rock", otros se
decantarán por éste o incluso por el "Back In Black", ya con Brian Johnson
al frente- es innegable que este álbum marcaría un antes y después en su
dilatada carrera.
Desgraciadamente, "Highway To Hell" fue el legado póstumo que nos
dejó el genial Bon Scott -víctima de sus excesos- que pasaría a engrosar
la ya extensa lista de estrellas del Rock desaparecidas. Esto convierte
este disco en clave en su discografía, pero no lo es menos por su calidad
musical.
Temazos del nivel de "Girls Got Rhythm" -un temendo medio
tiempo de los que se lo llevan todo por delante- , "Shot Down In Flames",
"If You Want Blood" -con un cambio final apabullante-, el blues-rock de
"Night Prowler" o la pegadiza "Touch Too Much" forman un álbum grandioso,
haciendo sombra a la mítica "Highway To Hell", desde entonces
imprescindible en sus direcots y símbolo de la banda.
En todas
brillan con luz propia la desgarradora voz de Bon Scott y las guitarras de
Angus -uno de los más grandes a la guitarra- y Malcolm Young -principal
creador del sonido y de las composiciones de la banda-.
Merece la pena también destacar la precisa y perfecta producción de
"Mutt" Lange, el productor que años más tarde convertiría en millonarios
a Def Leppard.
AC/ DC
son Rock con mayúsculas, primario y básico -y con los esquemas muy claros
(en este disco ya tenían muy definido su estilo y a partir de él
continuaron explotándolo)-. Es por eso que su mayor logro quizá sea el
hacer de la sencillez una virtud. Eso sí, hay una cosa clara, si no te
gusta AC/DC no te gusta el Rock. Sin
duda.