El
estilo de los años 80 de Scorptions en su máximo
esplendor. "Lovedrive" apuntaba de manera bastante
clara por donde iban a ir los tiros, y con "Animal Magnitism"
y "Blackout" ya se habían asentado como algo
más que una vieja banda de rock. Habían pasado
a ser un estandarte del rock duro, de estadio, contagioso.
Si el con este útlimo trabajo, "Blackout",
la banda estuvo ya al máximo nivel sin perder un ápice
de su fuerza -por lo que muchos lo consideran el mejor de
su carrera-, "Love At Fist Sting" añadía
una dosis extra de gancho, que si bien puede ser llamado comercialidad,
no deja de redondear el plástico hasta convertirlo
en una de las piezas más agradables de escuchar, d
eprincipio a fin, de la historia del Rock.
"Bad
boys running wild" arranca dejando claro de qué va la historia.
Tremendos riffs hardrockeros para temas a medio tiempo con
ritmos marcados, de los que se siguen fácil, y estribillos
que contagian e invitan a acompañarlos a cualquiera que los
oye. Eso es puro Scorpions. Eso, y las baladas, claro. Las
que les dieron el éxito mundial. Es por eso que este
disco es el que consolida todo esto como el estilo de la banda
y lo explota definitivamente. Sí, "Blackout" (1982)
apuntaba las mismas maneras -su "No one like you" es una de
las insignias de esta etapa Scorpions, precursora de "Rock
you like a hurricane"- y desde "Lovedrive" (1979) se veian
venir los patrones que manejaría la banda en la década de
los 80. Pero ninguno sonó tanto como éste.
La
facilidad con la que los alemanes enganchan un himno tras otro es
asombrosa. Y es que a la primera "Bad boy running wild" le siguen bombazos
de la talla de "Rock you like a hurricane". Tremenda. Colosal. El himno
Scorpions por excelencia alterna pasajes suaves cargados -como todo el
disco- de ese espíritu nostálgico tan ochentero y poderosos riffs de
guitarra en el estribillo. El mayor de los Schenker nunca fue tan virtuoso
como su hermano Michael pero nadie como él ha sacado esa fuerza y alegría
a composiciones tan aparentemente sencillas. Y hay pocas voces como la de
Meine en el rock.
Tras un
inicio tan aplastante, el disco no baja y "I'm leaving you" se muestra
como un tema más rápido y rock'n'rollero que derrocha alegría. A medio
camino entre los himnos "Rock you...", "Bad boys..." o "Big city nights" y
la que sí es puro y rápido rock 'n roll-aún siendo de las menos potentes
del disco- "The same thrill".
"Coming
home" y "Big city nights" vuelven al medio tiempo hardrockero y a
mostrarse como otros de los momentos más altos. Preciosa intro acústica de
la primera que revienta en un riff perfecto para abrir un concierto -como
de hecho hace en "World wide live"- y pegajoso estribillo -como pensado
para que lo coree todo el público- el de la segunda. De los que se queda a
la primera en la cabeza.
Después
de tanto tema para enloquecer a la asistencia, los lentos pasajes de
"Crossfire" -una especie de marcha triste- y "As soon as the good times
roll" -otro medio tiempo de aire nostálgico-parecen bajar el volumen. Son
los temas menos conocidos y siendo buenos -que lo son- destacan menos
entre la lista de clásicos anteriores.
Pero
para retomar ésto -con los clásicos- y para cerrar el disco ahí esta La
Balada. Una de las más -por no decir la más- conocida de la historia del
rock y sin duda también una de las mejores: "Still loving you". Para
escuchar una y otra vez, sirvió para dar el empujón definitivo en la
popularidad de los escorpiones, y para animarles a que se dedicaran a este
terreno más que a ningún otro de esto en adelante.
Se
le puede llamar accesible o facilón, y de hecho sus discos
posteriores confirmaron que ese era el aspecto a potenciar,
pero todo este disco es una pieza maestra del hard rock. Imprescindible.