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La bienvenida a la nueva década no podía haber sido más estruendosa
para la banda. No contentos con autoproclamarse Reyes del Metal y de
presumir de follar, beber y tocar más alto que nadie, los chicos de
Manowar deciden dar una nueva vuelta de tuerca a todo lo que conocíamos
de ellos y editan el majestuoso The Triumph Of Steel. Aunque algunas
cosas habían cambiado en su entorno (Columbus y The Boss abandonaron
la nave, por razones distintas), DeMaio y Adams permanecían inmutables
y reclutaban a un par de mercenarios (el guitarrista David Shankle y
el poderoso Rhino a la batería) para facturar el que definitivamente
es su disco más exageradamente grandilocuente.
Bajo una brillante autoproducción (en la que la banda suena más sólida
que nunca y consigue crear ambientaciones realmente conseguidas),
The Triumph Of Steel es una de sus apuestas más controvertidas
y excitantes. Para empezar, el disco se abre con un tremendo
homenaje a La Ilíada de Homero de casi media hora de duración.
Achilles, Agony and Ecstasy in Eight Parts es una oda al valor
en el que Manowar repasan de una tacada todas sus facetas: himnos
de batalla (Hector Storms The Wall, Hector's Final Hour), preciosos
medios tiempos a lo balada épica -de lo más inspirado del disco-
(The Death Of Patroclus), instrumentales varias (Prelude y solos
de la talla de Armor Of the Gods -donde Rhino demuestra ser
el mejor batería que ha tenido la banda de De Maio- o The Desecration
Of Hector's Body) y rabiosas exhibiciones de furia y poder (las
rotundas Death Hector's Reward y The Glory Of Achilles). Un
bloque de megalomanía sin fisuras que la banda ha llegado a
interpretar al completo en alguno de sus conciertos, incluyendo
los de presentación del disco en España. Pura
leyenda.
El resto del disco está a la altura de este mega-tema y sigue con
la línea "sorprendente" dentro del universo Manowar. Sólo se
contabilizan tres o cuatro canciones de temática "espada y brujería",
ya que el resto van en una onda diferente. El medio tiempo Metal
Warriors, Power Of Thy Sword y o la veloz Ride The Dragon continúan
ahondando en el mundo de fantasía épica de los de NYC, y suenan
a la altura también dela mayoría de sus clásicos. Parece mentira,
pero así es. Manowar exudan inspiración y potencia hasta el
punto de "reinventarse". Si querían sonar más duros y más fuertes,
aunque quizá no con más garra que en su primera
época, lo consiguen con creces. Musicalmente parece que
se superan. Y conceptualmente, también. Como muestram, un par
de homenajes a la cultura de los indios americanos (Burning
y Spirit Horse of the Cherokee), donde DeMaio aplasta con sus
líneas de bajo y Adams canta mejor que nunca. O la diabólica
The Demon's Whip, que surgiendo de un planteamiento casi chamánico
acaba transformándose en un monumental tema de rock-metal despiadado
que termina en una grand finale que es casi speed.
Y tras ese amalgama de brutalidad y sonoridades extremas, una de
más grandes piezas de la historia de Manowar -y lo mejor
del disco con Aquilles-: la irrebatiblemente bella Master Of
The Wind, un simulacro de balada onírica que resulta todo un
placer para los sentidos. Los autocoronados Reyes del Metal
pueden ser los más agresivos en el campo de batalla, pero cuando
enfocan sus fuerzas en lograr melodías tan deliciosas como ésta,
definitivamente salen victoriosos por KO técnico. Otra victoria
más en su lista.
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